Estas son las dudas que aparecen casi siempre en la primera reunión: alcance del relevamiento, tiempos de implementación y qué se puede ajustar sin frenar la operación diaria.
Con el plano del depósito, aunque sea aproximado, y una lista de referencias por familia ya se puede trabajar. Si no existe plano, se levanta en sitio con mediciones de pasillos, altura útil y ancho de rack. También pedimos los últimos movimientos de salida para entender qué rota y qué ocupa espacio sin justificarlo.
Depende del tamaño y del nivel de desorden acumulado. En naves de hasta 1.500 m² solemos trabajar por etapas y por zonas, moviendo una familia de productos a la vez para no cortar el despacho. La reubicación completa se planifica en bloques de pocas horas, fuera de los picos de picking.
Sí, y en esos casos es donde más se nota. Cuando hay miles de referencias con pesos y volúmenes distintos, el recorrido se define por frecuencia de salida y no por orden alfabético. Así se evitan retrocesos en pasillo y se deja libre la zona de despacho para el armado de pedidos.
Se mide la capacidad por nivel de estantería, no por metro cuadrado de piso. Se cruza el volumen de cada familia con la altura disponible y la resistencia del rack existente. Con eso se define cuántos niveles adicionales conviene habilitar y qué zonas quedan para baja rotación.
En la mayoría de los casos sí. Primero se evalúa el estado estructural del rack y su capacidad de carga antes de sumar niveles. Si hace falta ampliar, se propone la distribución de nuevas estanterías comerciales según el layout definido, sin sobredimensionar la inversión.
Se aprovecha el reordenamiento para depurar el inventario físico: se identifican referencias sin movimiento, se corrigen ubicaciones mal asignadas y se deja un registro por zona. No es una auditoría contable, pero sí deja la base ordenada para el próximo conteo.
Si tu caso no aparece en esta lista, podés revisar otras preguntas frecuentes o escribirnos directamente desde contacto con el detalle de tu depósito.